En muchos equipos, el manejo de errores se trata como un detalle técnico. Algo que se resuelve con un log rápido y un status 500 genérico, pero cuando los sistemas crecen, esa superficialidad empieza a costar: más tiempo de debugging, más incidentes difíciles de rastrear y menos confianza en producción. Refactorizar el error handling no es limpiar código. Es diseñar la capacidad de entender el sistema cuando falla.

Los sistemas no se rompen cuando todo funciona; se rompen cuando fallan. Y, sin embargo, la mayoría de las arquitecturas se diseñan pensando en el flujo feliz: la request entra, la lógica se ejecuta y la response sale. El problema aparece cuando algo no sale bien: si los errores no tienen estructura, si no existe un contrato claro de status codes y si el logging no está conectado con métricas, el sistema se vuelve opaco, y un sistema opaco no escala. En Meetlabs entendemos que la observabilidad no empieza en Datadog, empieza en cómo defines tus errores.
Cuando no existe una estrategia clara de manejo de errores:
Esto genera algo más costoso que el downtime: genera incertidumbre, y la incertidumbre frena la velocidad del equipo. Un sistema que no explica por qué falla obliga a investigar cada incidente como si fuera el primero.

Un error bien diseñado no es solo un mensaje, es un contrato, debe responder, al menos, tres preguntas:
Cuando los errores están estructurados con códigos internos, categorías claras y contexto enriquecido el sistema empieza a generar información reutilizable. Esa información alimenta métricas, dashboards y decisiones técnicas, el resultado es simple: menos tiempo buscando y más tiempo resolviendo.

En aplicaciones Go, el middleware HTTP y los interceptores gRPC permiten centralizar el manejo de errores en un solo lugar, esto cambia la dinámica del equipo. Ya no depende de que cada desarrollador recuerde cómo loggear o qué status code usar, el sistema lo define por defecto.
Centralizar el error handling permite:
No es solo una mejora técnica, es una mejora organizacional.
Herramientas como Datadog permiten visualizar métricas y logs en tiempo real, pero ninguna herramienta puede compensar una arquitectura opaca. Si los errores no están categorizados, si los códigos no son consistentes, si el contexto no viaja con la request, los dashboards solo mostrarán síntomas, no causas. La observabilidad real comienza cuando el sistema está diseñado para ser entendido.

A medida que un producto crece:
Si el manejo de errores es inconsistente, la complejidad crece exponencialmente, si es estandarizado, la complejidad se vuelve gestionable, un buen sistema de error handling reduce fricción, acelera onboarding y permite tomar decisiones basadas en datos reales de fallas, no en intuiciones.

El error handling no es una preocupación secundaria, es la arquitectura. Los sistemas que escalan no son los que fallan menos, son los que entienden mejor por qué fallan. Cuando el manejo de errores es claro, estructurado y observable, la organización gana algo más valioso que uptime: gana criterio.